¿Cuál es la diferencia entre el arroz blanco y el arroz integral?


Debes haber visto por ahí que mucha gente renuncia al arroz blanco y pasa a apostar en el integral cuando empieza a alimentarse de una manera más sana. ¿Pero eso hace tanta diferencia o es un cambio innecesario? Para aclarar esas y otras dudas, preparamos una materia especial explicando los dos tipos y sus diferencias.

El arroz blanco tiene menos nutrientes y es más calórico


Favorito de la mayoría, el arroz blanco suele ser cortado de la dieta de quien empieza a seguir una alimentación más sana y regada. ¿Pero por qué ocurre eso? La explicación es simple: para que quede con la apariencia blanca, pasa por un proceso de pulido donde acaba perdiendo gran parte de sus nutrientes, así como se hace con el azúcar refinado en comparación al moreno, por ejemplo.

Además, también tiene la desventaja de tener una gran cantidad de carbohidratos - sustancia que, por mucho que aporte beneficios para la salud, contribuye al aumento de peso y aumenta la cantidad de azúcar en la sangre de diabéticos. Pero, calma: eso no significa que deba ser eliminado de la dieta para siempre, sino que quien opta por su consumo debe comer moderadamente para evitar problemas futuros.

El arroz integral conserva los principales nutrientes al no pasar por pulido


El arroz integral, a su vez, es muy consumido por quienes deciden mantener una alimentación sana porque es lo contrario al arroz blanco: ¡rico en nutrientes importantes para el buen funcionamiento del organismo! Esto ocurre porque no pasa por el mismo proceso de pulido que el primero, lo que hace que mantenga un color más oscuro, una textura más dura y, para algunos, un sabor más amargo.

Una de sus principales ventajas es el hecho de aumentar la sensación de saciedad del organismo y hacer bien para el intestino por contar con una buena cantidad de fibras. Pero sus beneficios no se detienen ahí: además, también se libera a los celíacos por no contener gluten, mejora el funcionamiento del sistema nervioso por la presencia de vitaminas del complejo B, fortalece los huesos por tener fósforo y calcio, y puede ser consumido sin riesgo por diabéticos por contener carbohidratos complejos - es decir, que no se transforman fácilmente en azúcar en sangre.



Obesidad y cáncer de mama


En un artículo publicado en la revista Archives of Internal Medicine del 22 de Octubre de 2007, un grupo de investigadores del Nacional Cancer Institute, y del Nacional Institutes of Health, en Bethesda (Maryland, EEUU), desde el conocimiento de que la obesidad es un factor de riesgo de cáncer de mama en la mujer menopáusica, se proponen investigar la relación entre el agin y la cuantía de la ganancia de peso y el riesgo de desarrollar un cáncer de mama.

Los autores examinan prospectivamente las relaciones entre la adiposidad y de los cambios en el peso corporal de la mujer adulta y el riesgo del cáncer de mama entre 99.039 mujeres menopáusicas participantes en el Nacional Institutes of Health-AARP Diet and Health Study.
Las mediciones antropométricas fueron evaluadas a través de informes de las propias participantes en el año 1996. A lo largo del año 2000, se detectaron 2.111 casos de cánceres de mama.

Los resultados fueron los siguientes:


El Índice de la Masa Corporal (IMC) a edades de 50 y 35 años y el cociente de la circunferencia cintura/caderas, se asociaba con un incremento en el riesgo de cáncer de mama, sobre todo en las mujeres que no utilizaron durante la menopausia tratamiento médico con agin sustitutivo hormonal.

La ganancia de peso entre los 18 años y la edad actual, entre las edades de 18 y 35 años, entre las edades de 35 y 50 años, y entre las edades de 50 años y la edad actual, se asociaba de manera consistente con el riesgo de cáncer de mama en las mujeres que no habían utilizado tratamiento hormonal, pero no en las que lo estaban utilizando.

El riesgo de desarrollar cáncer de mama asociado con la ganancia de peso en la edad adulta era mayor en las mujeres con menarquia tardía que en las mujeres con menarquia precoz.

En las mujeres que no utilizaban el tratamiento hormonal en la menopausia, la asociación con el Índice de la Masa Corporal actual y el cambio de peso era estadísticamente más fuerte para los cánceres de mama avanzados que para los no avanzados, y más fuerte también para las mujeres con tumores de mama con receptores hormonales positivos que en las mujeres con receptores hormonales negativos.

Las conclusiones indican que la progresiva ganancia de peso a lo largo de la vida adulta de la mujer se asocia con un incremento en el riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Además esta relación del riesgo de cáncer de mama con la ganancia de peso no se limita a un periodo específico de su vida. Se debe considerar que las mujeres con sobrepeso y obesidad tienen más probabilidades de desarrollar un cáncer de mama en fase avanzada, con mucho peor pronóstico.